“En cuanto al futuro, tu tarea no es preverlo, sino hacerlo posible” Antoine de Saint Exupéry

10_enero_2016

He de confesar que soy fan de los programas de “Mentores” o Mentoring. Identifico la figura del “mentor” como la de un modelo a seguir, alguien que con mayor experiencia o conocimiento, ayuda a otra persona, pero no sólo con un objetivo profesional, sino que, con auténtico interés y conocimiento de la persona, trata de poner luz, iluminar el camino, con sus obstáculos, miedos, creencias, recursos y hábitos.

Quizá por esto, cuando llegó a mis manos el Editorial sobre ““MENTOR”. Un programa de reclutamiento de residentes” de la revista Angiología, lo miré con anhelo, pese a las referencias críticas con el mismo.

He de reconocer que siempre me ha llamado poderosamente la atención la capacidad de algunas personas de justificar las realidades que no les gustan, en las limitaciones de los demás. Pero desgraciadamente no confío en que esa sea la mejor forma de resolver esas realidades, sino que considero que sólo interiorizando los problemas y sintiéndose parte de la solución, y quizá por ello también del problema, uno es capaz de iniciar el cambio. Eso, siempre y cuando sea la solución y la mejora lo que persiga, claro.

No pretendo hacer una carta de réplica al autor, ya lo hizo hace apenas un par de meses el presidente de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular. No porque que crea que no fuese bien recibido en la revista, el autor del artículo original es su Editor Jefe, sino porque la publicación tiene ya más de un año y quizá mis comentarios no entren dentro de la temática de la misma. Sin embargo, no por ello puedo evitar reflexionar sobre algunas de sus afirmaciones, porque no sólo creo que son erróneas, sino que además desaprovechan la posibilidad de mejora que, entiendo, el autor realmente persigue con su editorial.

Por ser directa: me niego a asumir que como consecuencia de mi género y mi “hornada” de nacimiento (soy miembro de la llamada generación “X”), las especialidades quirúrgicas, en este caso, la cirugía vascular hayan perdido a los “mejores”. Esta reflexión sobre “los mejores” me recordó una conversación de hace más de un año con el gran Repullo (@repunomada) en su blog sobre las políticas de paridad y la definición del concepto de “el mejor”, que os recomiendo leer. Os dejo aquí algunas de, para mí, las mejores conclusiones: “hay una diferencia entre valioso y válido”… ¿cuál? – preguntaba yo deseoso de aprender mucho y rápido – , valioso es un atributo personal que tiene que ver con el talento y la competencia de la persona; válido es cuando todo eso encaja en un momento y lugar concreto… en un puesto de trabajo determinado, en un proyecto específico en un grupo de personas reales…” y es que yo realmente sigo pensando que el concepto de “el mejor” debería dejar de ser un concepto estático y adaptarse a la realidad, que el tiempo siempre hace cambiante.

Precisamente por esto, animo a todos aquellos que comulguen con la visión del autor del editorial a que reflexionen sobre la necesidad de adaptarse a los nuevos modelos y sí, es que, como siempre, las generaciones van cambiado. Esto viene ocurriendo desde hace siglos, ya lo decía Sócrates 400 años antes de Cristo: “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan el respeto a sus maestros”; por lo que no deben alarmarse, aquí seguimos… Dicho esto, dadas las circunstancias, de los “millennials” casi mejor, de momento, ni hablamos.

El autor justifica que la desafección de los profesionales por las especialidades quirúrgicas viene derivado de la incorporación masiva de la mujer a las Facultades de Medicina, como consecuencia de nuestro sentido más práctico y nuestro orden de prioridades en la vida (la familia); así como la consecuencia de que los integrantes de la ”generación X” no entendemos de jerarquía (“todos somos colegas o profesionales iguales en el trabajo”) y que para nosotros el trabajo es una herramienta para poder vivir bien (“trabajar para vivir” frente a “vivir para trabajar”). Y yo, si es que realmente tiene interés en encontrar la solución a su problema, le animo a dar la vuelta a la moneda:

  • La realidad más evidente es que más del 70% de los estudiantes de Ciencias de la Salud somos mujeres. Desestimar como “buenos” candidatos por razón de género a más del 70% de los futuros profesionales de su servicio es un error, quizá entre ellos se encuentren parte de “los mejores”. Además, si su problema es que las mujeres tenemos un orden de prioridades diferente, es probable que esa misma justificación en un futuro cercano le excluya también a gran parte de los hombres. Quizá ellos, como consecuencia del cambio en las estructuras familiares, también empiecen a desarrollar “este sentido más práctico y ese peculiar orden de prioridades”. Le animo a empezar a pensar en hacer su especialidad más atractiva a este nuevo “modelo” de profesionales.
  • Cuando se describe que los miembros de la “generación X” no entendemos de jerarquía, quizá sea porque hemos descubierto que hay nuevos modelos de liderazgo, y aquí no puedo evitar referenciar a nuestro amigo Iñaki (@goroji) y su resumen de Lo mejor del año en Liderazgo. Debo recordarle que somos profesionales que trabajamos en organizaciones en las que confiamos en que se haga una adecuada gestión del conocimiento y no solo de personas, y que nos gusta trabajar en equipo siempre que este tenga una misión concreta, porque sin ella consideramos poco probable que se alcancen resultados de valor.
  • Cuando se nos critica por no ser “workaholics”, yo le animo a descubrir que hay otras formas de trabajar, no puramente basadas en del presentismo, y que de esas practicamos más delo que nadie lo hizo antes. Que estas nuevas herramientas profesionales, y la flexibilidad de horarios, permiten aumentar la productividad y que todo ello no viene derivado de la falta de interés en trabajar duro, sino de la búsqueda de un equilibrio. Un equilibrio en la vida, que es más que una profesión, que una vocación, que un puesto, y que posiblemente nos beneficia a todos, pero para eso hay que tener un concepto de vida con un sentido más amplio. Me temo que esto no será algo que afecte sólo a las mujeres en un futuro cercano…

Una vez más, me alegro de promover esta iniciativa, que no busca otra cosa que mejorar el equilibrio de género entre las profesiones sanitarias, porque sin duda necesitamos agilizar el cambio cultural.

En fin, que, para aquellos que realmente quieran recuperar a “los mejores” profesionales para sus equipos, quizá sea mejor dejar de prever el futuro y buscar fórmulas para intentar adaptarse al mismo.

Buena semana!

Patricia A-Fdez

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8 comentarios en ““En cuanto al futuro, tu tarea no es preverlo, sino hacerlo posible” Antoine de Saint Exupéry

  1. Es una realidad igual de evidente de que más del 70% de los estudiantes de Ciencias de la Salud sois mujeres que los hombres somos mayoría en las ingenierías. E igual de evidente es que, lejos de proponer que se normalice esta última mayoría, las administraciones públicas se gastan pasta gansa en fomentar su erradicación. El cambio sólo es bueno hasta el matriarcado, luego no. Su tarea es hacerla imposible, y prever la superioridad femenina en sanidad. Es probable que el “gran sentido práctico femenino” haga que el colectivo vire desde el feminismo de la igualdad al de la diferencia cuando vayan siendo abrumadoramente mayoritarios los campos en los que sean más, para negar que la misma justificación que sirvió al feminismo de la igualdad para forzar discriminación positiva en un pasado cercano sea incluida cuando sean hombres los beneficiados. Ahora, a medio camino, queda chusco.

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  2. Es también realidad que una hiperrepresentación masculina en un campo o un tipo de tribunal, fueran cuales fuesen sus causas, era y es denostada porque conducía/ce a su consolidación injusta por stereoype threat, sesgo de perspectiva de género y falta de referentes. Si resolviéramos el problema de la infrarrepresentación femenina al que se alude en los cargos sanitarios, la representación femenina sería en ellos de más del 70%. ¿Equilibrio de género entre las profesiones sanitarias? ¿Cómo es que no repercutiría en un sesgo negativo respecto a los pacientes y trabajadores varones que compartieran el ámbito sanitario?¿No será por el estereotipo de la inferioridad moral del hombre (“Amoral masculinity”: a theory)?
    Este problema (bendición me temo para muchas de las que dicen buscar la igualdad) es extendible al sistema educativo en general. Multitud de ensayos, como el de Bonny Hartley, de la Universidad de Kent, en “Child development” ponen de manifiesto que los chicos tienen asumido lo que se dice de ellos: que son más torpes que las niñas. El mensaje cala en los críos desde pequeños y condiciona sus resultados escolares ( A stereotype Threat account of boys’ academic underachievement. Authors: Bonny L. Hartley/ Robbie M Sutton)

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  3. Y desde el Estado, el movimiento feminista, o sheagainsthe, perdón, herforshe, mire por dónde qué casualidad, no se anima a las empresas de ingeniería a pensar en hacer sus puestos más atractivos al modelo de profesional mayoritario masculino. Todo lo contrario, también con el argumento, entre otros, de que al favorecer la evolución y visibilidad del colectivo minoritario, se favorece la igualdad en el número de vocaciones. Como no se anima a pedir que se premie la mili para recuperar el talento perdido e infrabaremado en más de un año. Nunca quisieron la igualdad. Sólo utlizaron la palabra.

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  4. ⦁ Cuando se habla por el feminismo del trabajo como fuera de las condiciones a priori de Kant, espacio y sobre todo tiempo, sólo se hace para castigar la opción de no conciliar, más frecuentemente adoptada por los hombres, y privilegiar la conciliación oficial, diseñada para y desde anhelos mayoritariamente femeninos. Para privilegiar una interpretación del equilibrio vital y una moralina sobre el concepto de amplitud de vida que le son más cardinales a la mujer, todavia. Cómo si el generalista fuera más equilibrado, sin más, que el especialista. Otro posible concepto de equilibrio es el que contemple que una puede querer conciliar (como yo, por ejemplo) pero que lo equilibrado es que entonces asuma que quién dedique ese espacio, y sobre todo ese tiempo y esa fuerza, a su trabajo, reciba mayor compensación laboral a cambio de no recibirla en los ámbitos de conciliación. Multitud de ámbitos conciliatorios posibles de entre los que se exige sean financiados por los demás fundamentalmente los relacionados con la maternidad. No se trata de un tiempo igual para todos que cada uno pueda llenar con las actividades que considere para alcanzar su realización, ni aún poniendo como condición una ganancia social secundaria. Se trata de que el hombre page la conciliación que a la mujer le es más propia. Sin disfrutar, además, ni de los mismos permisos ni de la misma custodia. Reconoce la autora que esto es así ahora, aunque espera que el hombre comparta los mismos intereses en breve. Nunca los va a compartir exactamente igual, sí que es posible que se vaya acercando, aunque no disfrute de discriminación positiva alguna al respecto análoga a la implementada para que la mujer se interesara y entrará en los campos en los que no gozaba de una tradición propia. Mientras tanto, la promoción de esa conciliación específica no es más que otro privilegio femenino.
    No se busca mejorar el equilibrio de género sino el exclusivo equilibrio del género femenino y no se busca cambio cultural alguno hacia la igualdad sino que unas sean más iguales que los otros. .

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