Regina Revilla: el Techo de Cristal existe

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Expresidenta, desde hace apenas un mes, de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), uno de los grandes referentes dentro del sector sanitario por su compromiso con la biotecnología, es la cuarta organización de este tipo en importancia en Europa.

Regina Revilla es licenciada en Farmacia en 1968 por la Universidad Complutense de Madrid. Su primer vocación fue entrar al ICADE, pero vivió una época en la que se consideraba que las mujeres no tenían futuro en la organización de las empresas, motivo por lo que terminó estudiando Farmacia. Después de tres años, consiguió engancharse a la vocación y terminó con Premio Extraordinario y una clara pasión: la de dedicarse a la investigación.

Se doctoró en Farmacocinética en la Universidad de Lovaina, una época que reconoce le marcó por la enorme formación y la gran riqueza cultural y lingüística de la institución. En 1973 volvió a España donde se incorporó para desarrollar todo el programa de investigación en Laboratorios Juste, única mujer a dicho nivel, actividad que compaginó con una beca en la Junta de Energía Nuclear, en la que montó el Departamento de Farmacocinética. Con 30 años le ofrecieron la Dirección de Investigación de Juste, que asumió al completar su formación con el Máster en Organización, Gestión y Dirección en Investigación de la Escuela de Organización Industrial en 1979, lo que le permitió adquirir todas las habilidades que se necesitan para gestionar, organizar y dirigir la investigación desde un punto de vista profesional.

Desde la pasión de la investigación dio el paso a la gestión científica, todo ello desarrollado en el sector privado, lo que le permitió ser todo un referente en el entorno de la innovación, tras lo que pasó a la Administración. En 1982, cuando se empezó a desarrollar la Ley de la Ciencia, fue la responsable de la misma. Fue la primera Subdirectora de Biotecnología, Medicina y Química. En enero de 1984 entró en el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial para la renovación del organismo, para adaptarlo a la Ley de Reconversión Industrial, donde se dedicó a todo lo relativo a biotecnología, nuevos materiales, automática y robótica, y, sobre todo, al Plan de Farmacia, que era un plan específico. Con posterioridad participó en el primer Plan de Fomento de la Investigación Farmacéutica, que siguió evolucionando hasta llegar a Profarma, que aún sigue vigente adaptándose a las necesidades. Como Directora de Programas Internacionales, y posteriormente Directora General de Política Tecnológica participó en el lanzamiento del primer Plan de Calidad Industrial, momento en el que ya era vicepresidenta de Aenor.

Desde allí, pasó al Ministerio de Sanidad donde fue responsable de trasponer todas las directivas comunitarias, además de la Ley del Medicamento y de separar el registro de medicamentos de los aspectos relacionados con la financiación.

En 1994 fue nombrada Secretaria General de Alimentación, donde fue testigo de cómo se modernizaron los sectores del queso, el aceite o el vino, así como la modificación del Instituto de Denominación de Origen del vino.

En 1996 entró a trabajar en Merck, Sharp & Dome España (MSD), una compañía que consideraba referente, como Directora de Relaciones Externas y Comunicación, donde desarrolla un trabajo vinculado a la Responsabilidad Social, que reconoce le encanta. Es Consejera de la Fundación Marcelino Botín. Patrona de la Fundación Medina y de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados. Miembro de las Juntas Directivas del Centro de Políticas Públicas, del Foro de Empresas Innovadoras, del Foro de Alta Dirección y de Forética. Académica de la Real Academia Nacional de Farmacia y de la Academia Iberoamericana de Farmacia. Jurado de los Premios de Investigación Nacional, del Premio Joven de la Universidad Complutense de Madrid y de los Premios Cristobal Gabarrón y elegida Top 100 durante los años 2011, 2012 y 2014.

Pese a semejante desarrollo profesional, cuando se le pregunta sobre los “Techos de Cristal”, expresa su sentimiento: “El techo existe para las mujeres, porque tenemos que elegir. Creo que el hombre no se plantea la disyuntiva entre vida personal y profesional. Nosotras tenemos otras obligaciones, y también otras satisfacciones. En mi caso, por razones familiares rechacé cargos más altos que los que he ocupado en la Administración. Pero la familia tiene para mí un valor que en la balanza pesa más. Haber estado con mi madre en sus últimos años de vida, y disfrutar ahora de mis nietos, no lo cambio por nada. De todas maneras, las nuevas generaciones lo tienen más claro, porque los hombres también han cambiado.”

Feliz semana!

Patricia A-Fdez

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