¿Talento sin género? Por un liderazgo plural

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Cuando hace unos días, Patricia Alonso – una gran profesional preocupada (y apasionada) por la excelencia y la mejora continua – me invitó a que escribiera una entrada para su blog “Balance for Business”, me sentí confundido y halagado a la vez. ¿Qué podía aportar yo a este interesante proyecto con el que se pretende poner en valor el innegable talento femenino?

Y me puse a pensar en su propuesta mientras escuchaba la canción “Pretty Hurts” de Beyoncé. La letra empieza así: “Mamá dijo: Tú eres una chica bonita. ¿Qué hay en tu cabeza? No importa…Lo que llevas es lo único que importa”. ¿Acaso no es ese – lo superficial, la apariencia, la preponderancia del cuerpo sobre la mente – un estándar social que sigue vigente? Es verdad que la artista se muestra crítica con esos estereotipos de belleza (aunque paradójicamente viva de y para ellos) y pone en evidencia la continua utilización de la mujer como objeto, como mercancía, como transacción, en los concursos de Miss Universo (lamentablemente, en todo el ámbito laboral) con todo lo que se oculta detrás (trastornos de la alimentación, dependencias, depresión, abusos, prostitución y un largo etcétera) pero no es suficiente.

Y la canción continúa: “No tengo ningún médico ni píldora que pueda eliminar el dolor.. es mi alma la que necesita cirugía…” En el vídeo promocional, el presentador de la gala hace su pregunta a Beyoncé/Miss: The first question: ¿What is your aspiration in life? A lo que ella responde: It’s a great question. Y, tras un momento de duda, contesta: To be happy. Ser feliz, esa es una de las aspiraciones del ser humano, con independencia de su género. Afortunadamente, las mujeres son mucho más y muchas más que, con todo el respeto que me merece, aspirantes a miss mundo o princesas en busca de príncipes azules que las vengan a salvar.

Pero, además de ser felices, los seres humanos buscamos el reconocimiento. Así, Patricia habla en su blog de un liderazgo más plural e incluyente más allá del género. Un liderazgo de las personas. Diserta sobre si ser pro mujer es ser anti hombre o viceversa y me hace recordar una conferencia a la que me invitó mi buena amiga Paqui, directora de la Concejalía de la Mujer de una gran ciudad metropolitana de la Comunidad de Madrid. Y seguro que, al leer esto, alguno (o alguna) pensará que es un absurdo que existan Concejalías de la Mujer en los ayuntamientos españoles (o Ministerios de Igualdad, o listas paritarias en las convocatorias electorales). Y el debate, aunque la crisis económica mundial lo haya arrinconado a un segundo plano, sigue plenamente vigente hoy: ¿Son necesarias medidas de discriminación positiva para acelerar el proceso de empoderamiento de la mujer? Yo creo, sinceramente, que sí. En esa conferencia, mi amiga planteaba varias reflexiones. La primera: frente a una idea de lucha de géneros, la igualdad debe ser cosa de hombres y mujeres y ambos deben ir de la mano en ese proceso. Para ello, la educación desde la escuela (y en los hogares) se convierte en una herramienta fundamental. La segunda: desterrar conceptos de superioridad de un género sobre otro frente a la constatación de una diversidad que enriquece, desterrar la idea de la “super woman” como madre, esposa (o pareja), ama de casa, amiga, trabajadora, etc.. perfecta cuando, en realidad, lo que se da es un exceso de cargas y responsabilidades en ellas mientras sus compañeros varones parece que pueden y deben centrarse en sus carreras profesionales. Frente a esa realidad, debemos apostar por compartir roles y tareas en todos los ámbitos, tanto públicos como privados. Y, por último, mantener la discriminación positiva en aquellos espacios en los que sea necesario, con todas las garantías legales y el respeto a los derechos y libertades que nos hemos otorgado. Una sociedad democrática, moderna y avanzada no puede aceptar la idea de que – como escuché a algún político – “la paridad es una parida”; sin necesidad, por supuesto, de caer en la tentación de reducir ese valor al absurdo de las anécdotas (miembros y miembras, reinas magas….) que no hacen sino desviar el foco de lo verdaderamente importante: el talento no entiende de género. Estoy convencido: nuestras sociedades no pueden permitirse el lujo de desperdiciar el talento femenino.

Y es que la mujer no lo ha tenido nada fácil en la incorporación al mercado laboral en igualdad de condiciones. Me viene a la memoria el ejemplo de mi amiga Natalia, geóloga experta en obras civiles, cuando me contaba que aún más duro que el hecho de que un grupo de más de cincuenta operarios a su cargo aceptaran que ella era su jefe, en la impermeabilización de una presa en el sur de Atlas; era que, por ser mujer, en su compañía era relegada mientras eran promocionados compañeros más mediocres o que recibiera promesas futuras a cambio de aceptar una invitación a intimar con cualquier pretexto. Lo lamentable es que lo que le ha ocurrido a esta altamente cualificada profesional no es un hecho aislado.

Llama la atención que, en pleno siglo XXI, cuando más del 60% del total de los graduados universitarios son mujeres, apenas un 20% de las cátedras universitarias están ocupadas por mujeres y la igualdad no llegaría hasta el año 2046 según un interesante artículo publicado en el diario 20 Minutos que nos abre los ojos sobre los “micromachismos”, la “segregación horizontal” y el “paternalismo” como formas de discriminación sutil. http://www.20minutos.es/noticia/2649288/0/catedraticas-mujeres/universidad-educacion/academicas-discriminacion/

O, también, como recoge Balance for Business, apenas entre un 10% y un 16% de los puestos directivos en España están ocupados por mujeres (en algunas grandes compañías españolas hay una única mujer sentada en sus consejos de administración). Y en el ámbito directivo sanitario los datos tampoco resultan alentadores.

Queda, pues, mucho camino por recorrer para que el talento no entienda de género y el liderazgo sea plural. La buena noticia es que juntos, hombres y mujeres, podemos hacerlo realidad. Con pasión, con pedagogía y con convicción. ¡Adelante, Patricia, no estáis solas!

Nicolás Díaz-Toledo es Coordinador de Responsabilidad Corporativa del Hospital Clínico San Carlos de Madrid

 

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