Zonas mágicas, ¿estamos dispuestos?

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Esta semana he tenido la oportunidad de acudir a la conferencia: “Hacia el Equilibrio de Género en la Dirección de Empresas. Oportunidades y Retos” organizada por la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad y el Instituto de la Mujer para la Igualdad de Oportunidades.

Una nueva semana de aprendizajes, de recargar las pilas, de estar rodeada de grandes referentes, un lujo de ponentes y de ponencias, mil y una explicaciones, mil y un análisis para llegar a la misma conclusión: los beneficios del talento sin género, los beneficios de la diversidad, la importancia de las cuotas como herramienta, sus pros y sus contras, la necesidad de empezar por la educación en las escuelas, la importancia de romper estereotipos, de visibilizar otros modelos de liderazgo, de visibilizar a mujeres que han logrado romper los techos de cristal, los permisos de paternidad, las leyes de igualdad, la penalización por no cumplir las mismas… Mil y una explicaciones, y al final un único punto en común: seguimos sin entender los motivos para la lentitud del cambio.

Llama la atención la existencia de grandes modelos, de países que ya han experimentado casi todo (Noruega es probablemente el referente en iniciativas) y cómo los demás siguen o sus mismos pasos o innovan en otros distintos (no te pierdas los informes de McKinsey y su Proyecto Women Matter). Pero sigue sin haber un “gold standard”, no hay ningún país que haya alcanzado el tan ansiado equilibrio y sólo algunas empresas (Sodexo e Ikea son referentes) pueden decir, con orgullo, que han logrado hacer de la diversidad una de sus banderas.

No voy a decir que sigue estando casi todo por hacer, pero casi… De hecho, a este ritmo tardaremos más de 100 años en alcanzar la igualdad en materia de género (eso siendo generosos, porque los datos dicen que de entre las 60 empresas noruegas cotizadas en bolsa no hay ninguna CEO mujer y eso que es Noruega…). Aún así, ¡que no caiga la moral! Somos conscientes del problema (si bien es cierto que lo somos desde hace décadas), hemos iniciado estrategias de mejora y consecución de objetivos (si bien es cierto que sin los logros esperados), pero quizá lo mejor es que ahora estamos en periodo de análisis y mejora, porque lo estamos, ¿verdad?

¿Qué toca ahora? ¡Pues eso, toca hacer análisis! Creo que ya no necesito demostrar que tengo motivos para demandar igualdad de oportunidades, que no necesito seguir pidiendo ser escuchada, que no necesito demostrar que soy capaz de competir, ni pedir tener la oportunidad de demostrar mi valía, creo que, como bien decía Marta Pastor (de “Ellas Pueden” en Radio 5), nadie se plantearía hoy en día un debate para justificar el acceso de un grupo racial a los puestos de dirección. Bien, pues nosotros, con el mejor de los espíritus constructivos, seguimos planteándonoslo. ¡Creo que es el momento de dar un nuevo paso!

Hemos abogado a la ética, a los valores, a los derechos, al compromiso, a los beneficios de la diversidad… ¡y sí, quizá hemos tocado techo! El techo del 14-20% según la estadística y el grupo de que analices: las empresas españolas cotizadas o las del IBEX-25. El techo de las grandes empresas, porque en las PYMES los datos serían desoladores, el techo del embudo de género que se va haciendo cada vez más estrecho conforme asciendes hacia puestos de dirección real, y más aún si esa dirección es ejecutiva (no hablo ya de las áreas de recursos humanos, comunicación…). Quiero dejar clara una reflexión que compartí el jueves: si no avanzamos más no es porque no lo merezcamos, creo que ya no es necesario defender la igualdad intelectual o de méritos, si no avanzamos más es porque hemos topado con un muro que no entiende de ética ni de valores, hemos tocado con un muro que se llama PODER.

Podremos seguir pecando de buenismo y seguir apelando a los valores (reconozco que a mí también me gustan más ese tipo de estrategias), pero si realmente queremos saber qué ocurre, por qué no avanzamos más rápido o no llegamos más lejos, deberíamos hacer un diagnóstico completo. Otra cosa será que luego queramos o no darle el tratamiento más efectivo. Si no rompemos el techo es porque en realidad se trata de una lucha de poder.

Nos guste o no detrás de la desigualdad está el miedo a perder una cuota de poder que nunca se ha puesto en duda, y quizá también de miedo a no estar a la altura de las circunstancias para disfrutar de esa oportunidad, de miedo a competir ante un sistema meritocrático con CV sin identificación personal alguna, a que sean escogidos los mejores independientemente de las cuotas o porcentajes resultantes. ¿Estamos realmente dispuestos?

Como podemos ver en conferencias como la del jueves, hay un montón de hombres y mujeres que ya lo han hecho, que han dejado su zona de confort y, con exigencia y sentido de la responsabilidad, han dado el salto a la zona mágica, ¿vamos a dejarles solos?

Pido tener las mismas oportunidades independientemente de mi condición sexual. Pido tener las mismas oportunidades de disfrutar de mi ámbito familiar o del profesional, pero que no se me sobrentienda mi decisión por el hecho de ser hombre o mujer. Pido que mi opinión pueda ser escuchada allí donde se toman decisiones que nos afectan a todos, y es más, pido, si por talento lo merezco, poder participar de esas decisiones.

Ojalá algún día seamos capaces de mirarnos por lo que somos capaces de aportar y no por aquello que tenemos y no queremos perder, o aquello que anhelamos conseguir. El día en el que perdamos el miedo a no llegar o a ser injustamente desplazados, el día en el que todos estemos convencidos de que sólo cuenta el talento, independientemente del género, estaremos en condiciones de creer en los beneficios de la diversidad: de opiniones, de género, cultural… Hasta entonces, estaremos más preocupados de no perder o de ganar una cuota de poder, que de enriquecer los proyectos.

Para terminar repetiré las palabras de la brillante Anita Krohn Traaseth: Don’t give up! Be proud! Y yo añadiría que debemos seguir adelante, porque “lo que en una generación parece el mayor absurdo, a menudo se convierte en lo más sensato en otra” (Adlai Stevenson) y quizá aún estemos a tiempo de verlo.

¡Buena semana!

Patricia A-Fdez

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3 comentarios en “Zonas mágicas, ¿estamos dispuestos?

  1. ¡Nos toca analizar y visibilizar!

    Este blog es un ejemplo de ello, sigue adelante porque estás consiguiendo visibilidad de un deseo de muchas personas. Es cierto que como viene siendo habitual, hay que hacer más piña, visibilizar unidos y olvidarnos de individualismos.

    Los beneficios del talento sin género, los beneficios de la diversidad, son muchos temas que ya podemos palpar entre nuestros compañeros, sin irse más lejos. Ahora sólo nos queda una regulación adecuada desde las personas que tienen el poder para cambiar las cosas ¿Por qué no interesa? ¿Cuáles son los motivos de que no se produzca el cambio? Por el momento hay que seguir haciendo ruido con los medios que podemos, marcando la diferencia.

    Me quedo con una frase que resume todo el post “Ojalá algún día seamos capaces de mirarnos por lo que somos capaces de aportar”

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