De vuelta… a la realidad

De repente alguien en una reunión comenta: “no está mal, nos ha tocado una mesa en la que hay varias mujeres” y se abre todo un debate sobre paridad, cuotas y méritos.

Y de repente, la realidad no es como tú creías…

captura-de-pantalla-2016-10-29-a-las-12-24-20

La realidad es que aún hay mujeres que defienden que los esfuerzos por fomentar la presencia de estas en todo tipo de foros (que defiendo con el objetivo de fomentar la diversidad de ideas, de opiniones y de visión), es contraproducente para las propias mujeres, porque si no hay más mujeres es simplemente porque ellas decidieron renunciar al camino para ser invitadas.

La realidad es que aún hay mujeres que siguen defendiendo que no hay limitación en el acceso a los cargos de responsabilidad, que es una competición completamente objetiva y que si no hay más mujeres es porque estas renunciaron a llegar igual de capacitadas.

La realidad es que aún hay mujeres que ven con completa normalidad que en las reuniones de directivos no haya ninguna mujer.

La realidad es que aún no somos capaces de ver que esa uniformidad en las reuniones, en los foros, en los grupos de decisión nos empobrece como personas, como profesionales, como instituciones y como sociedad.

La realidad es que aún justificamos que la maternidad es sólo cosa de mujeres y vemos con normalidad el hecho de que carreras profesionales de mujeres brillantes no vuelvan “al terreno de juego profesional”, porque cuidar es algo que sólo les corresponde a ellas, y que además esta experiencia no se considera un valor que pueda aportar nada más allá del propio círculo familiar.

La realidad es que algunas de aquellas mujeres que han llegado a alcanzar puestos de responsabilidad defienden con uñas y dientes su valía, como si hubiese una sombra tras la defensa de la diversidad que pudiese ocultar los méritos por los que ellas han alcanzado esas metas.

La verdad es que a veces merece la pena darse un baño de estas realidades para reflexionar sobre las importancia que tiene no estar siempre rodeado de aquellas redes en las que compartes las mismas ideas y opiniones. Porque la diversidad no sólo te enriquece cuando te ayuda a cambiar de opinión o te hace ver nuevos caminos, sino que a veces te ayuda a reflexionar y a convencerte de la necesidad de seguir al frente con tus ideas.

¡Feliz día!

Patricia A-Fdez

Anuncios

4 comentarios en “De vuelta… a la realidad

  1. La realidad es que hay personas, que viven en base a su ombligo, obviando que el mundo es mucho más grande y la realidad bien distinta. Hay gente que es geocéntrica que por circunstancias de la vida se sitúan en un lugar y piensan que ya es así para todo.
    Cierto es que si hay igualdad de oportunidades en un concurso oposición…. pero en un puesto de libre designación… no lo tengo tan claro, de la misma forma que no tengo tan claro que se haga en base a los méritos, talento y CV a pesar de que se aprueben leyes que predican la profesionalización gestora…
    La realidad es que hay personas así.

    Me gusta

  2. La realidad es que aún hay hombres y mujeres que defienden mirar para otro lado ante el abultado fracaso escolar masculino y su práctica desaparición en diversos ámbitos académidos ( que pone en peligro la diversidad de ideas, de opiniones y de visión actual y, sobre todo, futura), porque ellos decidieron renunciar al camino, sin que tenga nada que ver la inadaptación a ellos del sistema educativo. Que el debate sobre la igualdad esté monopolizado por grupos de feministas radicales subvencionados no es problema, sin ser capaces de ver que esa uniformidad empobrece los resultados. La realidad es que aún no somos capaces de ver que también la uniformidad en la fuerza laboral de medicina del trabajo, rehabilitación, oncología médica, pediatría, reumatología, alergia, etc, en las reuniones de sus mires, en sus foros, en sus grupos, en su corpus electoral, que decide finalmente sus representantes con responsabilidad, nos empobrece como personas, como profesionales, como instituciones y como sociedad.

    La realidad es que aún hay mujeres y hombres que siguen defendiendo que no hay factores sociales detrás de la suprarrepresentación masculina en los suicidios, los homicidios, la drogadicción y la carcel, que es una distribución derivada de inputs completamente neutros y que si no hay menos hombres es porque estos renunciaron a la vida en libertad. Igual que los negros en EEUU, vamos. Y por supuesto que no merecen una perspectiva de género y discriminación positiva en estos campos
    La realidad es que aún hay mujeres que ven con completa normalidad que en los funerales por accidentes laborales no haya nada más que hombres. Que no ven que tenga algo que ver la denostada por el feminismo división sexual del trabajo que asigna al sexo masculino la inmensa mayoría de las considerados por la OIT y el departamento de trabajo USA como ocupaciones de alto riesgo (área de la seguridad: policías, patrulleros, detectives, bomberos, rescatistas, guardias de seguridad, militares/Pescadores y relacionados con la industria pesquera/Mineros y relacionados/Trabajadores forestales/Construcción…). Los hombres nacieron temerarios y suicidas
    La realidad es que aún hay mujeres que ven con completa normalidad que la mili sólo correspondiera, ésta sí obligatoriamente, por ley y con la PM para cumplirla, a los hombres y por tanto que no ven que haya nada que compensar por los réditos que obtuvieron con la reserva de plaza. Además, esta experiencia obligada no se considera un valor que pueda aportar nada más allá del propio “jodimiento” personal, aunque se reclama que el cuidado familiar, elegido libremente en pos de la propia realización y como inversión sentimental, y que se describe como monótono y empobrecedor cuando conviene a la narrativa del empoderamiento femenino, se considere como mérito decisivo. Una cosa y la contraria siempre que sirva para el fin del control femenino.

    La realidad es que aún justificamos que los hijos sean, en la práctica, de la mujer y vemos con normalidad la sangrante realidad del derecho de familia, así como la disparidad de permisos pagados y derechos reproductivos (además de capital erótico). Esta inequidad puede generalizarse al sistema judicial en su conjunto, dónde las mujeres son juzgadas, en la práctica, con mayor benignidad por un mismo delito (“⦁ Estimating Gender Disparities in Federal Criminal Cases”(Prof. Starr’s)// ⦁ Unequal Before the Law: Men, Women and the Death Penalty//Gender bias in North Carolina’s death penalty (Elisabeth Marie Reza) . En España, además, justificamos un código penal de autor que impone formalmente una mayor pena al hombre por serlo ante un mismo delito en el ámbito doméstico, anulando su presunción de inocencia. Así como unos juzgados de excepción con 95% de féminas.

    La realidad es que hombres y mujeres justifican las listas cremallera en mi partido, PSOE, y en la política en general, aunque no exigen la misma paridad en lo malo, la tasa de afiliación y el trabajo oscuro en las agrupaciones.
    La realidad es que a muchas mujeres les gusta pensar que los hombres tienen miedo a competir en igualdad con la superioridad femenina, insufla su ego, les hace sentir poderosas (resulta que la soberbia y el deseo de poder no eran exclusivamente masculinos), pero en los casos en los que es más claramente así, como los torneos de ajedrez (el éxito en una partida depende casi exclusivamente del esfuerzo y de la habilidad), considerados un buen campo de estudio de las diferencias de género en competición debido a sus similitudes con los llamados hihg-powered jobs, todo son excusas para justificar su muy inferior rendimiento. Excusas de las que ninguna, por supuesto, vale en los campos con rendimiento contrario.
    La realidad es que hay carreras profesionales de mujeres brillantes que no vuelven “al terreno de juego profesional”, porque desean que el cuidado de sus hijos les corresponda fundamentalmente a ellas, ponen en valor considerar que pueden aportar más a su círculo personal, y no porque una mítica conspiración judeomasónica de hombres llamada patriarcado les ponga una pistola en la sien.
    La realidad es que no es buena estrategia, para recavar la ayuda de los hombres, extender una sombra generalizada de privilegio sobre los méritos por los que ellos han alcanzado metas. Lo normal es que defiendan con uñas y dientes su valía. Resulta que la sororidad con los hombres tiene claves similares que con otras mujeres.
    La verdad es que a veces merece la pena darse un baño de estas realidades para reflexionar sobre las importancia que tiene no estar siempre rodeado de aquellas redes en las que compartes las mismas ideas y opiniones. Porque la diversidad no sólo te enriquece cuando te ayuda a cambiar de opinión o te hace ver nuevos caminos, sino que a veces te ayuda a reflexionar y a convencerte de la necesidad de seguir al frente con tus ideas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s